Lunes, ¡hoy empiezo!

Es lunes y son las 6:30h, suena el despertador un par de veces y me levanto.

Voy al baño y después me dirijo a la cocina para prepararme la comida.

Lo primero que hago es mi ritual de calentar un vaso de agua donde después le añado el jugo de medio limón. Sí, creo en todos los beneficios que tiene beberse un vaso de agua tibia con limón en ayunas todos los días y oye, no sé si funciona, pero esa sensación que tengo de “porqué yo me cuido” mientras me lo bebo, eso ya hace que me sienta genial.

Abro la nevera para coger la comida, la noche anterior miro un poco lo que hay y decido qué voy a preparar para no perder tiempo, y en la nevera tengo: botes de queso fresco batido 0%, huevos camperos, verdura, fruta, carne… Siempre intento comprar productos lo más sanos que sea posible porqué me preocupa mi salud, aunque sí, soy humana y me tomo algún que otro capricho de vez en cuando, ¡por supuesto que sí! También hay cervezas, algún refresco cero, mi tableta de chocolate negro al punto de sal, crema de cacahuete… Cojo los alimentos y me dispongo a cocinar.

Cocino siempre a la plancha, al vapor o bien con el wok, cocina sana, fácil y rápida, todo muy práctico.

Mientras cocino, voy separando todos los envases a su cubo, los restos de comida al orgánico, el vidrio en éste otro cubo… ¡porqué yo reciclo! Tengo un cubo para cada cosa en la galería de mi cocina, me preocupo por el medio ambiente.

Acabo de prepararme la comida y pongo una cápsula de café en la cafetera.

Cojo mi café largo, cargado, con su espuma (sin azúcar, claro, porqué yo me cuido) y me voy al salón para tomármelo con calma y saborearlo, es lo único que desayuno en toda la mañana. Hasta las 14h que es mi hora de comer, solo tomo líquidos. Hago un ayuno de 16h aprox. todos los días. A la gente cuando le explicas estas cosas se le queda esa misma cara que seguro estás poniendo tú en este momento y yo añado toda orgullosa: «¡Sí, sí, qué estoy muy loca!». «¡y llevo 2 años haciéndolo!». Que nadie se preocupe porqué ni me muero de hambre ni me falta de nada, mis analíticas salen perfectas porqué yo me cuido.

Enciendo la TV para escuchar las noticias de fondo ya que acto seguido cojo el móvil y me sumerjo, literalmente, en las redes sociales: mira éste en su entreno de ayer, ésta de viaje por Tailandia, algún que otro post de humor irónico (me encantan), fotos de perritos (soy más de perritos que de gatitos), influencers varias, en fin mucha moda… y siempre, SIEMPRE acabo metida en alguna página dónde cuándo me doy cuenta ¡estoy a punto de comprar algo! “… ¡pero qué botines más bonitos, por favor, muero de amor! (y es que ya me veo con ellos y mi falda midi plisada y… son perfectos para esa falda) ¡¡¡Son para mi y los quiero ya!!!”.

Tomo un sorbo de mi café largo y cargado y aterrizo de nuevo “son preciosos, pero… ¿desde cuándo necesito estos botines? A ver, tengo tres, cuatro, cinco pares… ¡y están nuevos!” seamos realistas, no los necesito, pero me encantan y no me los compro pero me pongo a seguir la firma, la tienda, la modelo… ¡todo controlado!.

Miro el reloj, “¡nena, acelera!”, me acabo mi café y entro en la ducha.

Al salir de la ducha voy directo al dormitorio donde ya tengo mi look preparado porqué sinó, ¡entonces sí que llego tarde, fijo! Os tengo que confesar que ésto de prepararme la ropa el día antes llevo haciéndolo tan solo algunas semanas, podría decirse que todavía estoy en período de prueba, no sé si ya habré pasado la línea de los famosos 21 días que dicen que tienes para crear un hábito, pero estoy en ello.

Me visto: mis vaqueros sostenibles, jersey básico negro con un chaleco animal print de paño (muy fino, nada «choni») que tengo de hace un par de temporadas (un fondo de armario) y me calzo las botas militares. Resultado: un outfit informal, cómodo y combinando básicos con prendas trendy.

Paso por el baño a lavarme los dientes, maquillarme, peinarme… y ya estoy a punto para ponerme el abrigo, un cuello súper calentito y suave que me regaló mi madre, cargar la mochila donde llevo la comida y mis cosas, ponerme los guantes de piel, el casco y ¡coger mi nuevo patinete eléctrico!.

Mientras voy de camino al trabajo no puedo evitarlo: “Mi primer post y no era para nada el que tenía pensado.» Describiendo cómo es mi día a día todas las mañanas antes de salir de casa (le faltan algunas cosas, claro está) quería derivarlo hacia otro tema muy distinto, pero enseguida me doy cuenta que sin pretenderlo he abierto bastantes hilos de donde tirar y del que saldrán posts interesantes. ¡Te espero en mi siguiente entrada!.

¿Os había dicho que es lunes? Empezamos la semana y este blog, ¡vámonooosss!

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